dimarts, 23 de març de 2010

Diario de viaje de un borracho solitario

Y aquí andaba yo, en Vigo. Sólo, borracho. Sin saber muy bien qué hacía en aquel lugar. Mi estado febril debido a una gripe hacía todo aquello aún más asqueroso, vomitivo y repugnante de lo que ya de por si era. Salir a la terraza de donde me hospedaba a fumar uno de esos cigarrillos de liar que solía fumar, o, simplemente tomar un poco el fresco revolvía mi estómago. Y, me lo revolvía a mi pero se lo revolvería a cualquiera. Almenos a todos aquellos que odien las putas gaviotas y las jodidas palomas. O el mundo está tan jodidamente mal(mucho peor de lo que ya me temo), o, todo el planeta Tierra y parte de Plutón(DEP por él) odian a las putas palomas y a las jodidas gaviotas. Y, más aún cuando estas dos odiosas especies animales creadas por el demonio en plena resaca de Jack Danield's se unen en un extraño hermamiento asqueroso-digestivo con el fin de recoger algún pececillo moribundo y seco. Sí, mi puto balcón daba justo enfrente de la lonja del puerto pesquero más grande de la jodida Península Ibérica. Y, si, también, aunque el pececillo en cuestión sea recién capturado, esos peces estaban secos. Imaginaos vivir toda vuestra vida remojados en agua. Sí, se que los peces tienen una memoria de 3 segundos y que no podrían acordarse, pero, nada tiene que ver eso. Imaginar que os sacan de vuestro medio acuático de vida, y, os dan un mareante y agonizante viaje antes de acabar en la lonja. Estareis mojados, húmedos, quizás con suerte recién muertos, pero jamás de los jamases estareis frescos.
Contradicciones eufemísticas al margen, ahí estaba yo. El motivo de mi viaje es como el de otros muchos de mis viajes. Es decir, no hay motivo. Bueno, en realidad en este sí que había motivo.
Vigo tenía(o tiene) un encanto especial para atraer a la clase de turista que puedo ser yo, de la misma forma que lo desprotege, humilla, abandona y defrauda una vez está alá. Esa es su grandeza. O su miseria.
Ese "llamamiento" consistía en sus vinos, su fama de traficar y trapichear con casi cualquier cosa y sus mujeres de grandes ubres mejor trasero.
Vino, contrabando y mujeres pechugonas. No podía resistirme.
Debí aprender de antiguas experiencias, ya que, del mito a la realidad suele haber la misma distancia que entre Bruce Willis en la Jungla de Cristal y cualquier policia del mundo real.
Al llegar a Vigo me di centa que su gente mira, habla y se comporta como si escondiesen cadáveres de niños en sus jardines. Cientos de cadáveres mutilados enterrados entre petunias y girasoles. Y, quien no tuviese jardín seguro que los escondían diseccionados en el congelador. Justo debajo de esas toneladas ingestas de marisco. No me cabía menor duda. Psycho-killers en potencia.
Yo soy un borracho solitario, pero, salvo problemas de estrabismo provocados a veces por la bebida, mi mirada era normal. Era lo único normal que tenía. No se si debo alegrarme por ello, pero, es lo que hay.
Para llegar a Vigo tuve que madrugar muchísimo para pillar el avión. No estaba acostumbrado a despertarme antes que los niños que iban al colegio, y, mucho menos antes que los gallos. Como debía facturar una maleta tuve que llegar al aeropuerto con tiempo suficiente como para emborracharme antes de pasar por la puerta de embarque.
Para beber y para joder no hay horas buenas ni horas malas. Simplemente la oportunidad de. Así que no la desaproveché.
Al llegar a Vigo y recoger mi maleta me di cuenta que el Atlántico es un mar muy puta. Su brisa, sobretodo cuando no hay luz solar, es bastante menos agradable que la mediterránea. Iba borracho y aquello debía atenuar un poco ese frío, pero...¡UNA MIERDA! Era una humedad fría que penetraba todos mis huesos. Pensé irónicamente que eso iría cojonudo para el proceso gripal que estaba pasando.
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