dilluns, 29 de març de 2010

DIARIO DE VIAJE DE UN BORRACHO SOLITARIO 5

*vienedelanterior

Entonces ella me cogió de la mano. Me llevó como si fuese una colegiala enamorada con un ataque de ninfomanía aguda a un callejón sin salida. No entraban ni salían coches debido a su estrechez. Realmente no sabía que función tendría ese callejón. Quizás a otras horas se llene a partes iguales de jóvenes parejas para practicar el precioso arte del folleteo y de yonkis inyectándose su dosis. Fuese lo que fuese, pasaba la brigada de limpieza. Porque aquello estaba limpio, casi impoluto.
Allá, quitó mi cinturón, me bajó los vaqueros y me hizo una de las mejores mamadas de la historia.
Sin duda estudiaba música. Especialidad: algún instrumento de viento.
Me limpió todo con su boca hasta que quedó realmente reluciente. Tan reluciente que quizás era la vez que veía mi polla tan limpia y brillante. Me subí el pantalón, le di un beso en la frente y ya cuando me iba le dije:
-¡Suerte en tu carrera!
-¿Qué carrera?
-Esto..nada, cosas mías. Adiós hermosa


Eso me desconcertó. No sabía si era ella quien me tomaba el pelo o era su tía. Es más, no tenía claro si en realidad era su tía o no. Quizás aquello era una sucia patraña y la camarera indiscreta era una madame de Tercera División. Esas dudas asaltaron mi cabeza y duraron diez segundos. Lo que tardé en encontrar el mechero. Me encendí un cigarro y se me olvidó por completo. En el fondo estaba feliz. Quizás me hubiesen engañado,pero, era un engaño que poco me importaba.Y, menos aún, me molestaba. En realidad nada. Había bebido y me había corrido. Era feliz en aquel momento.
Siempre quiero más, así que sabía que duraría poco.Había que aprovecharlo. Y, como dijo Machado, "caminante no hay camino se hace camino al andar", a eso me dispuse. Sin rumbo fijo, sin saber mi destino. Y, andando encontré un estudio de tatuajes. Los tatuajes es un mundo que me apasiona y, como buen vicio que es, también soy un adicto a la tinta. Entré y me tatué.
El tatuador era un rocker que dominaba el estilo Old School y amante de su moto. Normalmente no suelo prestar mucha atención a lo que me dicen. Y menos cuando me están pinchando el pecho. Así que eso es lo único que recuerdo. A la chica de la entrada la recuerdo más. Más y mejor. Esa chica la tendré en mente en momentos de soledad. Mi mente la quiso seleccionar como musa. Contra eso no pensaba luchar. Era perder el tiempo.
Acabado el tatuaje y como el vicio llama a más vicio me dirigí en búsqueda de un bar. Hacía buen tiempo. No es que los putos pajaros cantasen ni que oliese a la rancia primavera. No, nada parecido a esa mariconada. Simplemente no hacía frío, y, eso era de agradecer en esa tierra de malditos. Después de caminar no menos de quince minutos, mis pies pedían un descanso y mi hígado su dosis. A ellos sí que les hacía caso. Senté mi trasero en la terraza de un bar. Encendí otro cigarrillo y esperé a que llegase el camarero.
Allá sentado, tuve contacto de nuevo con los seres odiosos del primer día : las jodidas palomas. Esta ciudad parecía ejercer de imán a estos seres. La diferencia respecto al primer día es que por entonces las tenía lejos y estaba enfermo. Ahora no. Tremendamente cerca y repleto de energía y odio. Era mi momento. El momento de la venganza. Tenía la idea dictatorial de ejecutar un plan de exterminio. Y, esas palomas iban a ser las primeras.





-------CONTINUARÁ-------

diumenge, 28 de març de 2010

DIARIO DE VIAJE DE UN BORRACHO SOLITARIO 4

*viene del anterior.


DIA 2

Me levanté tarde. Con resaca. Todo normal. Me fumé un cigarro en ayunas y me metí en la ducha. Allá dentro lamenté que no cayese vino de Oporto en lugar de agua en todas las duchas del mundo. O, almenos en aquellas que yo usase. Maldije al inventor de esa patraña abstemia un par de veces. Ya limpio y más o menos presentable salí a la calle. Me apetecía beber. Es más, hubiese matado por beber. Normalmente bebo mucho. En exceso. Pero, con resaca , mis ganas de beber se multiplican por diez. Así que con esas tremendas ganas de beber me metí en el primer bar que vi. No podía aguantar más, por lo tanto, no iba a ser sibarita por esta vez. Era un putro antro de menos de 5 metros cuadrados. Pensé que debió ser usado como fumadero de opio en algún momento. No me pregunteis porqué. Sólo pensé eso. Recién levantado y con mono de alcohol ya era mucho para mi. El antro en cuestión estaba vacío. Todo un detalle. Era el típico bar de pescadores donde éstos aprovechan para beber sus mierdas, jugar sus partidas de dominó y hablar sobre peces. Todo un planazo. Por un momento pensé en hacerme pescador para acabar así, pero unas ligeras arcadas me recordaron que era una mala idea. Una puta mierda de plan. Una puta mierda de vida. Llegado ese caso, el suicidio era mejor idea.
Pedí una cerveza. Al ofrecerme vaso y ver que aquello ya no era cristalino lo rechacé. Pensé en los buenos momentos que habría pasado ese vaso. Cuando aún era cristalino y su honor no había sido mancillado hasta la saciedad. Bebí directamente del botellín y pedí un periódico. Pasé hojas como si fuese un jodido analfabeto en búsqueda de fotografías hasta encontrar lo que andaba buscado. La sección de contactos.
La camarera tenía sus ojos clavados a mi. Y al televisor. No era vizca pero tenía ese don. Llamarle don, llamarle putada. El caso es que ella podía. Y, cuando quería(y sólo cuando quería) un ojo miraba a un lado y el otro al contrario. Yo era consciente de ello. Sabía que me observaba. Me daba igual. Era espiado por una redneck gallega pero no me importaba. Pasados unos minutos ella me dijo:
-Señor, ¿buscas compañia?
-No. Sólo quiero follar. La compañía la de un ficus, un perro e incluso un escarabajo pelotero. Yo sólo quiero follar.
-Le puedo conseguir algo.
-¿Algo? Lo siento, no follo con hombres ni animales ni muertos.
-Es mi sobrina. Estudia música en una universidad privada. Es muy buena en lo suyo,pero no tiene un duro.
-Me sorprendería ver tocar a alguien el Himno de la Alegría con su almejita.
-Ella no se dedica a esto, pero...entre que usted es de fuera y no volverá a verla, ella necesita dinero y ya ve que este bar no da mucho dinero...
-Dígale que venga. Después de un buen Oporto con ella le daré una respuesta.


La sobrina vivía cerca. Sólo tardó diez minutos en llegar. Era una chica de unos 19-20 años. No tenía un cuerpo espectacular pero no estaba nada mal. Dos brazos, dos piernas, una boca, dos tetas y sin pintas de darle al crack. Me valía. Le pregunté a la camarera la tarifa de precios, y, después de regatear más que en mi visita al bazar de Túnez acordamos que le daría 150 euros por tres horas. Tres polvos.A polvo por hora con su correspondiente descanso. Es decir, 5 minutos de jodienda y 55 de descansar, fumar y beber.
Pero, al salir del bar comencé a sentir algo. Eran como ganas de cagar pero sin tener al perrito asomando el hocico. ¡Mierda! Esa misma sensación ya la tuve con otra no-profesional en una visita a Budapest. Sólo había tenido conciencia en tres momentos de mi vida: después de robarle a un cojo su prótesis ortopédica, y, en estas dos. El resto de mi vida he sido todo un cabrón. El mayor cabrón egocéntrico y sin sentimientos que seguramente llegueis a conocer nunca. Le comenté la situación a la joven putita no profesional. Le pagué y le dije que se fuese. Ella se puso a llorar.
-¿Es que no te pongo? -me preguntó ella.
-No es eso. Me pones mucho, pero...me ha venido un ataque repentino de conciencia. No suele pasarme, pero mira. Me debe dar pena aprovecharme de tu situación.
-Es la misma que la de cualquier puta rumana que están en las carreteras o clubs.
-Ya,pero su caso no lo conozco. El tuyo sí.
-Déjame que te lo agradezca almenos...
-Será mejor que no. Ya me masturbaré pensando en lo que podría haber sido y no fué.
-¡Te la podría chupar! Se hacerlo muy bien. Realmente bien.
-Bueno, Dios sabe que luché por mi conciencia y bondad, pero, el vicio ganó. Casi siempre gana.


------CONTINUARÁ---------

dissabte, 27 de març de 2010

DIARIO DE VIAJE DE UN BORRACHO SOLITARIO 3

(viene del anterior, y el anterior del anterior...y así hasta remontarnos a la puta época de los dinosaurios).

Entonces, mi "nuevo amigo negro" pidió a la camarera dos cervezas más. Una para él y la otra para mi. El sr.negro ya tenía la excusa perfecta para poder sentarse con alguien y hablar. A mi no me disgustaba, aunque tampoco me gustaba. Era un solitario, así que no andaba buscando compañía masculina. La femenina siempre la busco cuando me apetece. Pagando o no, la circustancia lo elegía, no yo.

-Entonces amigo-dijo él- ¿qué buscas en la vida?
-¿En la vida? ¿En toda la vida? Uff...para contestarte a ello debería haber bebido mucho más. Debería haber bebido todo el alcohol destilado y sin destilar que tienen aquí. Y, probablemente, haberme follado a la camarera en la despensa. Y a la madre de la camarera quizás. Sí, a la madre de la camarera también. Pero, a groso modo, todos nacemos y llegado un día palmamos. Simplemente hay que elegir el camino que más le llena a cada uno para hacer ese viaje entre que sales del coño de tu madre y el estirar la pata de la forma más amena posible. Y mi forma es esta. Beber, joder, apostar y arriesgar. Y, casi todo esto lo hago mejor sólo.
-Vaya...así que joder lo haces mejor sólo....
-Dije casi todo. ¡CASI!
-Ja-ja-ja, era broma amigo.


Después de una conversación un tanto tribial alrededor de su nacionalidad, de qué hacía allá en Vigo, etc... dijo:
-Oye amigo (con voz triste), pide lo que quieras que mañana me caso y he cruzado más palabras contigo que con mi prometida.
-¡Joder! No te pongas mariquita conmigo. ¡No pienso destrozar un matrimonio que se ve a la legua que será tan próspero! No puedo hacer eso...ja-ja-ja
-Mis padres concertaron la boda con una prima lejana que apenas nos vimos cuando teníamos siete años.
-Allá en África...¿con siete años ya follais?
-¡No, joder!
-¿Entonces...que coño te une a ella?
-No lo entiendes. No es ella. No soy yo...
-Tienes razón, no lo entiendo. Pero tampoco quiero entenderlo. Es una mierda. ¡Una grandiosa y pestilente mierda!


Seguimos bebiendo en silencio durante un buen rato y luego se largó. Había estado hablando con él quizás un par de horas. Me había contado sus intimidades y apenas recuerdo si me dijo su nombre. Juraría que no lo dijo. Da igual, tampoco me importaba. Era una triste historia. Daba igual el nombre, no la iba a humanizar. Tampoco me haría perder el sueño. Es más, a la mañana siguiente probablemente lo habría olvidado. Me largué del bar deseándole buena suerte a mi amigo-desconocido el "sr.negro".
Al salir del bar se me antojó ir a ver un espectáculo de burlesque. Chicas con estética pin-up, tatuadas, bailando sensualmente y despelotándose. Luego de eso, masturbación y a dormir. Era el plan perfecto para aquel momento. Pero, mi puto gozo en un pozo. Sólo encontré clubs de riguroso gusto estético y peepshows que daban la impresión de pagar a sus chicas con algo de crack. Seguramente lo harían. O eso o en los 80 eran todas componentes de algún grupo punk estatal. Pero, esa idea la descarté rápidamente. Me quedaba con la del salario en pipas de crack.
En esos antros ni bebí, ni toqué ni follé. Antes hubiese metido mi polla en un jodido hormiguero repleto de hormigas africanas-culonas. Visto el escaso éxito de mi búsqueda me fui a dormir no sin antes tener que esquivar a un indigente que andaba pidiendo dinero delante de un 24 horas y a un chapero tartaja que daba asco sólo con mirarle.



------------CONTINUARÁ-----------

dijous, 25 de març de 2010

DIARIO DE VIAJE DE UN BORRACHO SOLITARIO 2

VIENE DEL ANTERIOR


Así que cogí un taxi. No es que espere nada especial de los taxis, pero aquel era jodidamente igual que los de cualquier parte del mundo (semi) occidental: espacioso pero incómodo, con música horrenda sonando de fondo, y, caro, MUY caro.
Al llegar a mi destino pagué con desgana y desprecio y me largué.
Ver una cama me alegró por unos segundos. Salir al balcón y ver la escena repulsiva anteriormente relatada me quitó dicha alegría y me entraron ganas de vomitar. Pero, mis ganas de fumar y después dormir eran mayores. Así que tragué mi propio vómito en ese preciso instante en que debes decidir qué hacer con él, si echarlo fuera o volver a tragarlo. Decidí lo segundo. Era muy asqueroso, realmente asqueroso, pero, todo fuese por aquel cigarrillo.
Una vez consumido el cigarro me dispuse a dormir unas cuantas horas sin importar si eran muchas o eran pocas. Quería descansar la borrachera y sudar un poco rodeado de sábanas y mantas.
Desperté que aún había claridad en el exterior así que deduje que tampoco me había pasado durmiendo. No suelo llevar reloj, así que no sabía la hora que era. Me daba igual. Me levanté, me duché y, paseé por la ciudad en búsqueda de algún local en que me apeteciese comer y beber. Comer poco y beber mucho.
Andaba por la ciudad como si fuese mía. No lo era. Lo sabía. No había problema. Tampoco quería ser el dueño de aquello. Es más, no quiero ser el dueño de nada salvo de mi propia vida. Que, en ocasiones ya es mucho. A lo que me refería es que andaba como si ya me conociese la jodida ciudad. Con firmeza y sin ese estúpido invento socio-burgués que todo turista guarda en la mochila, bolsillo, riñonera o sucedáneo : el mapa. A mi me gustaba patear y perderme. Perderme y patear. Sin rumbo fijo. Quería ver aquello por encima. Me daba igual el orden de las calles, y el camino que hacía para llegar a ellas. Iba sólo, sin ninguna mujer que me indicase que por ahí no había tiendas ni con ningún amigo o conocido que me dijese que se conocía un atajo. Se perfectamente a dónde llevan esos atajos, y, creedme, no suele ser nada bueno. Así, tirando de juanete, me encontré con una cervecería que presumía de tener "tapas recién hechas". Era lo más sugerente para mis extraños gustos que había visto. Cerveza y algo(poco) de comida. Lo que andaba buscando. Detuve mi camino y entré. Empecé a beber cerveza. Y bebí, y bebí. Luego comí. Y, acto seguido volví a beber. Estaba sentado al fondo de la barra. Sólo. Sin nadie que perturbase mi presencia. Pero, en un momento de la tarde-noche se me acercó un hombre. Era un hombre negro. Nada de magrebí o latinoamericano. En esta ciudad parecía no haber. Los inmigrantes que habían eran negros. De esos negros más negros que el carbón. De esos que de noche sólo se les ve si abren los ojos y sonríen. Por eso son tan risueños, pensé.
Pues bien, el sr.negro se me acercó interesándose por mi soledad:
-¿Estás sólo amigo? me preguntó.
-Sí, ya ves. Odio la sociedad.
-Pero, no dejas de estar rodeado de gente.
-Soy un antisocial con un vicio tan social como la bebida, las mujeres y el juego. ¿Sabes alguna cueva o isla desierta en que haya eso?
-Ja-ja-ja. En eso tienes razón amigo.
-A riesgo de ser pedante...tengo razón en todo lo que digo y en nada.
-¿Cómo?
-Nada. Cosas de blancos, ya sabes, como el quemar cruces enfundandos de estúpidos caperuzones nazarenos.
-Aham...entiendo...entonces, cosas de negros es...¿correr detrás de los leones?
-Veo que lo estás entendiendo amigo, ja-ja-ja
-No se si invitarte a otra cerveza o matarte aquí mismo.
-Mi muerte, llegará tarde o temprano, así que me sorprendería más esa cerveza.

dimarts, 23 de març de 2010

Diario de viaje de un borracho solitario

Y aquí andaba yo, en Vigo. Sólo, borracho. Sin saber muy bien qué hacía en aquel lugar. Mi estado febril debido a una gripe hacía todo aquello aún más asqueroso, vomitivo y repugnante de lo que ya de por si era. Salir a la terraza de donde me hospedaba a fumar uno de esos cigarrillos de liar que solía fumar, o, simplemente tomar un poco el fresco revolvía mi estómago. Y, me lo revolvía a mi pero se lo revolvería a cualquiera. Almenos a todos aquellos que odien las putas gaviotas y las jodidas palomas. O el mundo está tan jodidamente mal(mucho peor de lo que ya me temo), o, todo el planeta Tierra y parte de Plutón(DEP por él) odian a las putas palomas y a las jodidas gaviotas. Y, más aún cuando estas dos odiosas especies animales creadas por el demonio en plena resaca de Jack Danield's se unen en un extraño hermamiento asqueroso-digestivo con el fin de recoger algún pececillo moribundo y seco. Sí, mi puto balcón daba justo enfrente de la lonja del puerto pesquero más grande de la jodida Península Ibérica. Y, si, también, aunque el pececillo en cuestión sea recién capturado, esos peces estaban secos. Imaginaos vivir toda vuestra vida remojados en agua. Sí, se que los peces tienen una memoria de 3 segundos y que no podrían acordarse, pero, nada tiene que ver eso. Imaginar que os sacan de vuestro medio acuático de vida, y, os dan un mareante y agonizante viaje antes de acabar en la lonja. Estareis mojados, húmedos, quizás con suerte recién muertos, pero jamás de los jamases estareis frescos.
Contradicciones eufemísticas al margen, ahí estaba yo. El motivo de mi viaje es como el de otros muchos de mis viajes. Es decir, no hay motivo. Bueno, en realidad en este sí que había motivo.
Vigo tenía(o tiene) un encanto especial para atraer a la clase de turista que puedo ser yo, de la misma forma que lo desprotege, humilla, abandona y defrauda una vez está alá. Esa es su grandeza. O su miseria.
Ese "llamamiento" consistía en sus vinos, su fama de traficar y trapichear con casi cualquier cosa y sus mujeres de grandes ubres mejor trasero.
Vino, contrabando y mujeres pechugonas. No podía resistirme.
Debí aprender de antiguas experiencias, ya que, del mito a la realidad suele haber la misma distancia que entre Bruce Willis en la Jungla de Cristal y cualquier policia del mundo real.
Al llegar a Vigo me di centa que su gente mira, habla y se comporta como si escondiesen cadáveres de niños en sus jardines. Cientos de cadáveres mutilados enterrados entre petunias y girasoles. Y, quien no tuviese jardín seguro que los escondían diseccionados en el congelador. Justo debajo de esas toneladas ingestas de marisco. No me cabía menor duda. Psycho-killers en potencia.
Yo soy un borracho solitario, pero, salvo problemas de estrabismo provocados a veces por la bebida, mi mirada era normal. Era lo único normal que tenía. No se si debo alegrarme por ello, pero, es lo que hay.
Para llegar a Vigo tuve que madrugar muchísimo para pillar el avión. No estaba acostumbrado a despertarme antes que los niños que iban al colegio, y, mucho menos antes que los gallos. Como debía facturar una maleta tuve que llegar al aeropuerto con tiempo suficiente como para emborracharme antes de pasar por la puerta de embarque.
Para beber y para joder no hay horas buenas ni horas malas. Simplemente la oportunidad de. Así que no la desaproveché.
Al llegar a Vigo y recoger mi maleta me di cuenta que el Atlántico es un mar muy puta. Su brisa, sobretodo cuando no hay luz solar, es bastante menos agradable que la mediterránea. Iba borracho y aquello debía atenuar un poco ese frío, pero...¡UNA MIERDA! Era una humedad fría que penetraba todos mis huesos. Pensé irónicamente que eso iría cojonudo para el proceso gripal que estaba pasando.
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